Haz que consiga Olvidar.

Extractos del libro Besos de Sal

Podría decirte vuelve, pero quizá nunca estuviste donde yo te quise, donde yo te pedí sin saber pedir, donde te exigí desde mis heridas y te fui haciendo pequeño sin darme cuenta, sin que tú lo notaras, sin que yo supiera parar. Ahora que vivo sola, ahora que he sentido lo que es el amor de verdad, me descubro entregada a ti y algún día, me lo prometo en voz baja, aprenderé a elegir, a amar a quien me ame como necesito, como entiendo la seguridad emocional.

Soltar el amor dramático, ese que después de cada orgasmo trae un drama, una grieta nueva en el corazón, ese que nunca dice contigo me siento en casa o un te amo, sino que todo desaparece cuando el placer culmina en nuestros cuerpos.

Donde el sexo se vuelve sucio porque yo necesito amor y tú sientes dolor porque algo que fue mágico y salvaje lo enturbio una y otra vez regalándote mis sentimientos que, de forma oculta pero con tanta obviedad como florece cada primavera el jardín de enfrente de tu casa, te exigen amor, de ese que tú no sabes dar, recordándonos lo que no es nuestro.

Haz que consiga olvidar aquella tarde en las escaleras grises, del mismo gris que tiene hoy mi corazón, haz que pueda borrar el instante en el que la elegiste a ella una y otra vez mientras yo seguía ahí, inmóvil, como una estatua sostenida solo por la esperanza. Haz que consiga olvidar que te amé.

Porque puedo esconder que te amo, puedo esconder el dolor de mis huesos, cómo mi vida se va apagando lentamente, pero no puedo esconder los millones de futuros que imagino a tu lado. No quiero perder la fe en nosotros, pero debo hacerlo, porque te hago daño haciéndote sentir que no sabes ser como yo necesito.

Y la verdad es que el río vuelve al mar, pero yo no quiero volver más.

Porque puedo leerte sin verte y cuando te tengo cerca me pierdo en tus ojos, en ese lunar del que me creo dueña sin siquiera mirarte, solo perdiéndome en mi lugar favorito. Ese lugar que un día fue mi hogar y que hoy evito rozar para que no vuelva la sed en este desierto del desamor, un desamor cargado de recuerdos y sueños por cumplir.

Por eso no te quiero perder, como el mar al río, toda una contradicción desde el primer día en que mis ojos se cruzaron contigo. Me paralizaron, me hicieron tuya, pasara lo que pasara.

Existe esa lectura, pero cuando pasan más de treinta años decides que no más renglones cobardes, que quizá lo que vine a aprender es a soltarme de lo que más he amado y a saber salir de donde no se me quiere entera.

Y vivir con paso firme, riendo y amando cada día como ya lo hago, con la diferencia de que cuando vea mi reflejo en un espejo me vea completa. Te he llevado en el pecho más de tres cuartos de mi vida, tal vez sea hora de encontrar mi propia canción, la del latir de mi corazón.

“No volverás a verme”, cuántas veces lo hemos dicho o mejor escrito, y para ser justos siempre he sido yo, porque en el fondo ya conocemos la rutina: tú te vas, yo espero, desde que tenía doce años, deseando que me eligieras.

Ojalá pudiera borrarse tanto amor, tanto dolor, tanto de tanto, pero eso sería borrar casi toda mi vida y entonces yo no sería la mujer que soy hoy, la mujer a la que amo, respeto y admiro. Aunque nunca entendí qué hacía que mis pies estuvieran anclados en ese cemento gris, el de aquellas escaleras donde se cruzaron por primera vez mis labios con los tuyos, un cemento tan poderoso que podían pasar diez años, tres bromas, un roce, tres abrazos y ya sentía que eras mío y yo tuya.

Y aun así nunca me elegías, y aun así yo sí, quedarme ahí esperando el próximo encuentro. Tal vez tu vida será más tranquila, tendrá menos problemas, habrás hecho las paces con el amor, estarás más centrado, quizá te apetezca algo más que mi sexo y un celular.

No soy una más, aunque tú lo creas, da igual cómo seas con el resto, lo único que importa es lo que somos tú y yo.

He llegado a pensar que llegué tarde, pero ahora sé que da igual el día, la hora, el momento, siempre hubieras ocupado el noventa y siete por ciento de mis pensamientos, de mi deseo y de mis sueños. Tal vez sea yo, que me enamoro del amor imposible para vivir eternamente en un sueño.

Haz que consiga olvidar, que el cemento se rompa bajo mis pies y que pueda bailar libre, llena de lujuria, hasta cuando te vea, te roce, te huela, pero no recuerde.

Besos de Sal.

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